Artistas

1896 – 1973

El 26 de octubre de 1896 nace en Trieste el gran Sergio Sergi. Perteneciente al Imperio Austro Húngaro hasta la Primera Guerra Mundial, Trieste es una bella ciudad del norte italiano lindante con Slovenia a orillas del Adriático. De estar bajo administración italiana pasa luego de la Segunda Gran Guerra a dividirse en Norte y Sur y ser conducida cada una por diferentes potencias europeas hasta quedar en manos de Italia y Yugoslavia, respectivamente; veinte años después se conforma un comité mixto de administración. Lo cierto es que la ciudad, a pesar de haber sido enclave imperial, mantuvo siempre una estrechísima relación con el pueblo y la cultura italiana; allí conviven un gran número de italianos y eslovenos. De hecho, el verdadero nombre de Sergio Sergi era Sergio Hocévar (apellido de origen esloveno) y su patria de nacimiento es Austria. Hijo de Mercedes Andrich y Santiago Hocevar. Su madre Mercedes fue la gran influencia de Sergio Sergi, una pintora discípula de Garzolini.

Esta atracción y fascinación ejercida por su madre sobre Sergio, la produce luego, a principios de siglo XX, el padre benedictino, pintor y grabador sueco Swittbert Sobisser. Sus enseñanzas y su visión del mundo a través del dibujo se imprimen en un Sergi adolescente que ingresa en el Real e Imperial Instituto Gráfico de Viena, una de las instituciones más completas e interdisciplinarias que se hayan conocido. Aprende la técnica de la litografía bajo la tutela del famoso Von Larisch (generador de la moderna tipografía) y da sus primeros pasos en fotografía. Termina sus estudios en 1915 sin imaginar que ese mundo de ensueño y tranquilidad que le había brindado el arte a sus diecinueve años de vida iba a cambiar radicalmente.

El 28 de junio de 1914 el nacionalista serbio Gavrilo Princip asesina a Francisco Fernando de Habsburgo, archiduque heredero al trono del imperio Austro-Húngaro; este hecho determinó la apertura de la caja de Pandora que era Europa en las postrimerías del siglo XIX. La carrera armamentística, el nacionalismo exacerbado y el imperialismo conformaron el escenario para que el mundo se embarque en la Primera Gran Guerra Mundial. Austria-Hungría le declara la guerra a Serbia, puntapié inicial de la conflagración. Sergio Sergi, con apenas veinte años es enviado al frente con el regimiento de Húsares de la Emperatriz austriaca como artillero de montaña, defendiendo las márgenes del Isonzo de los ataques italianos que pretendían conquistar Trieste.

Casi dos años vivió el horror bélico que afectó profundamente su visión sobre la vida y el ser humano; muchas circunstancias de su historia dan fe de la profunda herida que produjo la guerra. El mismo Sergio Sergi confesó no haber matado a nadie y que nadie quiso matarlo, “simplemente” dedicado a atender a los enfermos. Ya nada fue lo mismo, el tema era como encararlo; los soldados sobrevivientes afectados por las atrocidades (que eran la gran mayoría) tenían como destino el electroshock, en el mejor de los casos, (y muy pocos) el diván de Freud o el suicidio. El hambre asechó. Sergio Sergi logró un escape, quizás a través de su perspectiva artística. Recibe heridas por esquirlas que lo envían a su hogar en 1918, donde permanece en recuperación un tiempo bastante prolongado. En 1919 retoma su tarea artística y sintomáticamente el primer trabajo de Sergio Sergi, un grabado en madera y dos placas de metal, se titula “La Guerra”: la muerte desgarbada pero con paso firme, masculina figura con casco militar que deambula por un campo desierto presidido por un sol abrasivo y donde una flor se alza en medio de la desolación.

Cada trabajo demandaba de Sergio Sergi mucho tiempo y dedicación aunque los frutos se notan en cada uno de ellos. Justamente, de su producción de posguerra envía dos obras a la Bienal de Venecia de aquel 1919.